Ubicarse en el mundo

07.10.2013 22:44

¿Es posible que la fe haga que la persona se ubique en el mundo, es decir que se sitúe de un modo concreto bajo estas formas espacio temporal en que existimos?

Partamos por reconocer que la fe no es una forma “disminuida de ciencia natural” (Ratzinger A 28). Por el contrario, es un modo auténtico mediante el cual se puede conocer a profundidad, las expresiones que Dios ha manifestado en el mundo y que continuamente nos continúa manifestando. En otras palabras, por la fe, se abre a nosotros una inmensa puerta que nos deja ver claramente pero no totalmente, el misterio inmenso de nuestra existencia. No es que simplemente sepamos cosas, como si fuese la lectura de una enciclopedia; sino que acogemos cosas que haciendo parte de la misma vida, se nos comunican en grados más profundos y concretos. En ningún momento queda desvalorizada por falta de argumentos científicos; sino que es desde esta supuesta necesidad, desde donde nos puede comunicar que ella nos habla con sinceridad de la experiencia del hombre en el mundo y su respuesta a un camino que le atañerá solamente e él y por toda la vida.

Así pues la fe se desliga de ser una partícula o un contenido en la vida del hombre; puesto que pasa desde esta óptica, a ser en el hombre la medida de su existencia. No es atrevido incluso afirmar que la fe va dándole un tinte, un aroma distinto a los hombres que han hecho esta gran opción. No se trata aquí de que se fijen considere una crítica moral a partir de que el exaltar cierto valor de algunos es menospreciar a otros que tal vez por el propio caminar que llevan, aún no se han hallado frente a esta necesidad de optar. Lo central que se quiere afirmar es que si la fe ha de tener esta filiación tal con la persona, comienza, no ha determinarla, pero sí a situarla desde una óptica diferente, desde una presencia especial. No es ahora que se crea que la persona, pasa a estar en un estado alejado de ésta realidad, que viva por las nubes. No, la fe lleva a desencadenar una respuesta que hace de la persona un individuo que se reconoce a sí mismo y distingue eficazmente el mundo que lo cobija y que comparte con los demás. Si se retoma otro argumento que se halla en esta web, recordaremos que el “fiarse de”, no tiene por decirlo de algún modo, un límite, es más, su expresión se abre cada vez más a una altura de mayor significado. Pues bien, ese fiarse de, aquí va a llevarnos a comprender que el hecho de responderle a Dios, yo te creo, tiene como resultado el saber quién soy y en dónde me encuentro y a partir de allí, queda claro lo que debo hacer, y a lo que estoy llamado… es sin duda alguna verificar que soy un peregrino que sé quién es el que orienta mi camino y además sé que a partir del primer paso, mi vida es una continuación de ese primer paso, no como determinación, sino como opción que evoca indubitablemente al compromiso…

Ratzinger A, Joseph. fe y futuro. Bilbao: Desclée de Brouwer, 2007.